Costa Brava

DIARIO DE VIAJES

 

 

Familias de Viaje te cuenta su experiencia
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Una semana de Agosto en la Costa Brava

Dos adultos y un niño de 4 años con ganas de playa y poca gente.

Nuestro alojamiento base lo contratamos a través de airb&b en la localidad de L’Escala. El apartamento avenidazodiac.com, con aparcamiento y piscina, nos dio un respiro después de alguna ruta. Se encuentra bien ubicado y con extraordinarias instalaciones (zona de juegos, pin-pong, columpios, tobogán).

El primer día, nada más llegar, nos fuimos a descubrir el pueblo, con sus pequeñas playas, algunas de arena y otras de piedra, sus callecitas y sus restaurantes característicos. Os recomiendo dejaros perder por sus calles y tomar una cerveza en cualquiera de los locales cercanos a la Iglesia. Cogimos especialmente cariño a “La Taverna de la Sal”. http://xurl.es/m0y50

Regentada por Mateo, un neozelandés afincado en Cataluña desde hace muchos años, una persona agradable que sabe cuidar a sus clientes (especialmente a los pequeños) y al que visitamos en más de una ocasión para degustar platos tan ricos como las anchoas típicas de l’Escala, la butifarra de Perol…¡Mateo os aconsejará fenomenal!

Alguna noche cenamos pizza en la playa, la pides para llevar y ¡listo! Un lujazo para los que venimos de ciudades sin mar.

El segundo día fuimos a la playa Cales Empuries justo enfrente de las ruinas de Empuries. Una auténtica maravilla. Con unas playas muy adecuadas para ir con niños ya que combina arena con grande rocas desde donde hacer snorkelling, descubrir algún cangrejo y disfrutar de sus aguas cristalinas.

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Hay un parking de pago casi al final del camino donde puedes dejar el coche, pero es un recorrido muy sencillo para hacer incluso con carrito de bebé. Nosotros acortamos el camino desde el centro de L’Escala aparcando en el parking externo del Mercadona que hay justo a la entrada del camino, señalado por la antorcha olímpica.

El tercer día fuimos a conocer Figueres. Allí disfrutamos enormemente en el museo de Dalí, donde nuestro hijo se entretuvo viendo y conociendo las diferentes esculturas y cuadros. Comimos en un restaurante muy agradable donde había unas tapas muy ricas llamado “Toxt’s”, muy cerca del museo.

Por la tarde nos acercamos hasta Cadaqués, precioso pueblo, con grandes dificultades para aparcar. Pero una vez conseguido vale la pena estar en el puerto donde nuestro hijo disfrutaba con las distintas barcas que llegaban. Sus calles las recorrimos tranquilamente, empinadas, enrevesadas y con gran encanto.

Totalmente recomendable como localidad, eso sí llenísima de gente en verano.

El cuarto día nos acercamos hasta el Parque Natural de Cap de Creus. Allí hicimos el Pasaje de Tudela. Por 5 € dejamos el coche en el aparcamiento habilitado antes de iniciar el recorrido. Es una zona especialmente protegida. La meta era llegar a la cala Culip (la única en la que se puede hacer el baño), y disfrutar de las diferentes esculturas que el viento y la sal han ido esculpiendo en las rocas del camino y donde Dalí se inspiró para diferentes obras.

En la entrada al Pasaje unas amabilísimas guías y cuidadoras del entorno os explicarán que sólo hay dos partes en el mundo en el que se dan esas esculturas naturales, una es aquí y la otra en California. El camino son 2 km. y es bastante sencillo para hacer con niños. Eso sí, id provistos de agua y comida suficiente porque no hay ningún sitio donde comprar.

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La cala Culip vale la pena: agua fresca, transparente y no demasiada gente. Pasamos el día por allí comiendo algo con los pies en el agua. A la vuelta encontramos un atajo, mucho más corto aunque el recorrido es más complicado, no apto para niños muy pequeños.

Desde la cala Culip se puede continuar subiendo hasta el Faro de Creus, pero nosotros decidimos ir en coche; allí se aparca con facilidad. Vale la pena disfrutar de sus vistas y sus pequeños caminos. El restaurante del faro no es nada especial pero ¡qué rico nos supo el helado que nos tomamos allá arriba!

El quinto día volvimos hacia el norte, las playas entre Llanca y Colera son totalmente recomendables. Poquísima gente, chiringuitos de playa donde comer rico y volver a alejarte para estar prácticamente solos. Se puede aparcar a lo largo de la carretera donde mejor te convenga y bajar andando a las calas, donde el agua está fría y especialmente transparente.

Depende de la edad de los niños y niñas que os acompañen podréis acceder a sitios más recónditos.

Nosotros comimos en un chiringuito llamado Blau Grifeu, muy rico pero algo subido de precio.

El sexto día estuvimos por la zona de Begur, bajamos hasta la cala de Aigua Xelida, muy bonita pero totalmente desaconsejable por lo menos en agosto. No dudo que en junio deba ser un auténtico paraíso pero no pudimos ni extender la toalla entre tanta gente.

Por esa zona se encuentra el pueblo Peratallada, bellísima localidad medieval, con sus casas esculpidas en la piedra, muy cuidado y recomendable. Comimos en el restaurante Pou Dolc, exquisitas sus albóndigas con calamares.

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Otro pueblito recomendable allí cerca es Pals, para dar un paseo de un par de horas y tomar un riquísimo granizado natural de sandía en la cafetería-heladería Bázára.

En ambas localidades hay que pagar el aparcamiento, no hay zonas gratuitas, al menos que nosotros hayamos visto cercanas al centro.

Fueron días fantásticos donde disfrutamos del mar y la montaña del interior, de la buena comida y gente muy agradable que supo conquistarnos con su simpatía y amabilidad. Localidades bien cuidadas, aguas muy limpias y donde se respira un gran respeto por el medio ambiente.

Todos los pueblecitos por esa zona que elegimos están relativamente cerca aunque las carreteras son comarcales y lo que parecen apenas 35 km. Lleva su rato llegar, por lo que el secreto para aprovechar bien los días de vacaciones es dividir las visitas por la Costa Brava Norte, Golfo de Roses y la Costa Brava Centro. La sur no nos dio tiempo a conocerla, así que ¡VOLVEREMOS!

Aroa Alcaraz Álvarez

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Una semana de Agosto en la Costa Brava


Dos adultos y un niño de 4 años con ganas de playa y poca gente.

Nuestro alojamiento base lo contratamos a través de airb&b en la localidad de L’Escala. El apartamento avenidazodiac.com, con aparcamiento y piscina, nos dio un respiro después de alguna ruta. Se encuentra bien ubicado y con extraordinarias instalaciones (zona de juegos, pin-pong, columpios, tobogán).

El primer día, nada más llegar, nos fuimos a descubrir el pueblo, con sus pequeñas playas, algunas de arena y otras de piedra, sus callecitas y sus restaurantes característicos. Os recomiendo dejaros perder por sus calles y tomar una cerveza en cualquiera de los locales cercanos a la Iglesia. Cogimos especialmente cariño a “La Taverna de la Sal”. http://xurl.es/m0y50

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Regentada por Mateo, un neozelandés afincado en Cataluña desde hace muchos años, una persona agradable que sabe cuidar a sus clientes (especialmente a los pequeños) y al que visitamos en más de una ocasión para degustar platos tan ricos como las anchoas típicas de l’Escala, la butifarra de Perol…¡Mateo os aconsejará fenomenal!

Alguna noche cenamos pizza en la playa, la pides para llevar y ¡listo! Un lujazo para los que venimos de ciudades sin mar.

El segundo día fuimos a la playa Cales Empuries justo enfrente de las ruinas de Empuries. Una auténtica maravilla. Con unas playas muy adecuadas para ir con niños ya que combina arena con grande rocas desde donde hacer snorkelling, descubrir algún cangrejo y disfrutar de sus aguas cristalinas.

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Hay un parking de pago casi al final del camino donde puedes dejar el coche, pero es un recorrido muy sencillo para hacer incluso con carrito de bebé. Nosotros acortamos el camino desde el centro de L’Escala aparcando en el parking externo del Mercadona que hay justo a la entrada del camino, señalado por la antorcha olímpica.

El tercer día fuimos a conocer Figueres. Allí disfrutamos enormemente en el museo de Dalí, donde nuestro hijo se entretuvo viendo y conociendo las diferentes esculturas y cuadros. Comimos en un restaurante muy agradable donde había unas tapas muy ricas llamado “Toxt’s”, muy cerca del museo.

Por la tarde nos acercamos hasta Cadaqués, precioso pueblo, con grandes dificultades para aparcar. Pero una vez conseguido vale la pena estar en el puerto donde nuestro hijo disfrutaba con las distintas barcas que llegaban. Sus calles las recorrimos tranquilamente, empinadas, enrevesadas y con gran encanto.

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Totalmente recomendable como localidad, eso sí llenísima de gente en verano.

El cuarto día nos acercamos hasta el Parque Natural de Cap de Creus. Allí hicimos el Pasaje de Tudela. Por 5 € dejamos el coche en el aparcamiento habilitado antes de iniciar el recorrido. Es una zona especialmente protegida. La meta era llegar a la cala Culip (la única en la que se puede hacer el baño), y disfrutar de las diferentes esculturas que el viento y la sal han ido esculpiendo en las rocas del camino y donde Dalí se inspiró para diferentes obras.

En la entrada al Pasaje unas amabilísimas guías y cuidadoras del entorno os explicarán que sólo hay dos partes en el mundo en el que se dan esas esculturas naturales, una es aquí y la otra en California. El camino son 2 km. y es bastante sencillo para hacer con niños. Eso sí, id provistos de agua y comida suficiente porque no hay ningún sitio donde comprar.

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La cala Culip vale la pena: agua fresca, transparente y no demasiada gente. Pasamos el día por allí comiendo algo con los pies en el agua. A la vuelta encontramos un atajo, mucho más corto aunque el recorrido es más complicado, no apto para niños muy pequeños.

Desde la cala Culip se puede continuar subiendo hasta el Faro de Creus, pero nosotros decidimos ir en coche; allí se aparca con facilidad. Vale la pena disfrutar de sus vistas y sus pequeños caminos. El restaurante del faro no es nada especial pero ¡qué rico nos supo el helado que nos tomamos allá arriba!

El quinto día volvimos hacia el norte, las playas entre Llanca y Colera son totalmente recomendables. Poquísima gente, chiringuitos de playa donde comer rico y volver a alejarte para estar prácticamente solos. Se puede aparcar a lo largo de la carretera donde mejor te convenga y bajar andando a las calas, donde el agua está fría y especialmente transparente.

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Depende de la edad de los niños y niñas que os acompañen podréis acceder a sitios más recónditos.

Nosotros comimos en un chiringuito llamado Blau Grifeu, muy rico pero algo subido de precio.

El sexto día estuvimos por la zona de Begur, bajamos hasta la cala de Aigua Xelida, muy bonita pero totalmente desaconsejable por lo menos en agosto. No dudo que en junio deba ser un auténtico paraíso pero no pudimos ni extender la toalla entre tanta gente.

Por esa zona se encuentra el pueblo Peratallada, bellísima localidad medieval, con sus casas esculpidas en la piedra, muy cuidado y recomendable. Comimos en el restaurante Pou Dolc, exquisitas sus albóndigas con calamares.

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Otro pueblito recomendable allí cerca es Pals, para dar un paseo de un par de horas y tomar un riquísimo granizado natural de sandía en la cafetería-heladería Bázára.

En ambas localidades hay que pagar el aparcamiento, no hay zonas gratuitas, al menos que nosotros hayamos visto cercanas al centro.

Fueron días fantásticos donde disfrutamos del mar y la montaña del interior, de la buena comida y gente muy agradable que supo conquistarnos con su simpatía y amabilidad. Localidades bien cuidadas, aguas muy limpias y donde se respira un gran respeto por el medio ambiente.

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Todos los pueblecitos por esa zona que elegimos están relativamente cerca aunque las carreteras son comarcales y lo que parecen apenas 35 km. Lleva su rato llegar, por lo que el secreto para aprovechar bien los días de vacaciones es dividir las visitas por la Costa Brava Norte, Golfo de Roses y la Costa Brava Centro. La sur no nos dio tiempo a conocerla, así que ¡VOLVEREMOS!

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